Pujar con criterio empieza por leer bien la ficha. Las fotografías son el primer filtro: conviene mirarlas todas, ampliar los detalles y fijarse en la carrocería, el interior, los neumáticos y el cuadro de instrumentos. Una buena ficha enseña el coche tal como es, con sus virtudes y sus defectos.
Después llegan los datos: marca, modelo, versión, año de matriculación, kilómetros, combustible y tipo de cambio. Son los que permiten comparar el vehículo con otros similares y estimar su valor de mercado.
El apartado de estado merece una lectura pausada. Ahí se indica si el coche arranca, si se desplaza por sus propios medios, cómo está la ITV, cuántas llaves tiene y qué daños presenta. Esa información determina el coste de la reparación o de la puesta a punto.
Por último, hay que tener en cuenta la ubicación del vehículo, porque el transporte también forma parte del coste final. Con todo ello sobre la mesa, el profesional puede decidir hasta dónde le compensa llegar.

